Una vez más, la ilusión de un futuro que no llegó desde un pasado que ya no está, invade tu mente. Aquellos puntos suspensivos que colocas una y otra vez te roban la paz, hablas de la ruptura con un escenario tan oscuro, que de sólo pensarlo, evades la idea.

Así que honestamente hoy no quiero hablarte de aquello que dejas, creo que ya de eso tienes suficiente, y precisamente por sólo voltear hacia lo que dejas, no lo terminas de dejar. Hoy quiero hablarte de la otra cara del duelo, hoy quiero hablarte de que ese paso que temes dar, te coloca en el lugar que quieres estar. Tú y yo sabemos que posponer, sólo alarga el dolor, y si no me crees, ¿no se ha intensificado este último con el tiempo?

En fin, quiero hablarte de lo que puede pasar si ves la otra cara del duelo…

La realidad es que la otra cara del duelo viene vestida de colores vivos una vez que pases los colores grises, es casi como saber que te vienen persiguiendo y debes caminar por una calle que a medio camino tiene unos grandes perros a los que temes, la sola idea te espanta, pero resulta que es la única calle que te saca de ese lugar donde ya no quieres estar, ¿qué harías?

Y sí, sé que me lees y no dejas de pensar, y es que llevas tanto rato pensando que no te has dado cuenta de que dar el paso te libera precisamente de esa idea recurrente del «¿cómo lo hago?», te libera de la esperanza constante hacia el cambio del otro. Te permite conocerte y saber de lo que eres capaz, comienzas a sonreír y ya no por obligación, sino porque realmente lo sientes.

Ya no vives con desespero los momentos alegres y mucho menos con temor a que se acaben, porque sabes que aunque esos acaben, puedes reconstruir otros momentos. Eliges por amor, y no por falta de. Te permites hablar aún cuando el otro pueda pensar diferente, porque tú y yo sabemos que si esa persona no respeta esto último, sencillamente no es la persona. Te liberas de la crítica constante hacia ti mismo/a al decirte día y noche: «ERES COBARDE». En fin, saboreas la libertad que implica soltar y dejas de vivir con miedo a que te suelten.

Ah, pero sé lo que vas a pensar, no siempre es fácil procesar todo lo que te he comentado, honestamente a veces cuesta horas, semanas y meses de terapia. Aceptar no siempre es tarea fácil, y aceptarte mucho menos, y de esto último tú y yo sabemos. Pero llevas tanto rato pensando en lo que dejas, que te has perdido de ver lo que ganas, y si mi escrito no es suficiente para ayudarte, espero que tú si lo seas. Y es que después de todo la otra cara del duelo, está del otro lado del miedo.

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