Han pasado dos años desde que decidí volver a visitar lo que fui, a recordar quién soy y de dónde vengo.
Volver fue un despertar en mi alma, que me permitió volver a sonreír y sentir los abrazos más sinceros.
Volver fue estar en un lugar donde podía dejarme caer, y sabía que habían personas a mi alrededor para sostenerme.
Volver fue sentir que todo estaba bien, aunque en el fondo no lo estuviera.
Volver fue recordar lo que me gustaba, y disfrutarlo aún más que las primeras veces.
Volver fue darme cuenta que a donde me había ido, no estaba siendo realmente yo.
Volver fue sentir nuevamente la cercanía de quienes más quiero, y recordar cuánto lo necesitaba.
Volver fue darme cuenta que ese nuevo lugar que había llamado “hogar” estaba muy lejos de serlo. Le faltaba lo más importante, darme razones para ser verdaderamente feliz, y personas con quien compartirlo.
Sí, volver fue despertar la ilusión de volver, pero esta vez, para siempre.
Creí que esto cesaría al pasar los días, me decían que estaba loca al extrañar, que con el tiempo esa sensación se iría. Pero adivina, ¡SE INTENSIFICÓ!
Hoy, puedo decir que volver me recordó quien había dejado de ser, pero sobre todo, a quien quiero recuperar: A MÍ SIENDO VERDADERAMENTE FELIZ.
Porque sí, volver me cambió para siempre…

